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Las Ventanas Hacia Adentro / Correo Desde Marruecos

Juana Anzellini, artista colombiana radicada en Alemania, escribe una carta a nuestra editora plasmando su experiencia en el mítico país bereber. Reflexiones e impresiones desde el reino de lo íntimo hacia la gran feria de los imperios en vitrina.

25 de marzo de 2015

Querida M.,

Como bien lo anuncia el título de este correo: estoy en África. No obstante, al norte, muy al norte del continente, pero también muy al sur del Báltico, lejos del invierno que justo en estos momentos empieza a dar tregua. Lejos estoy del aire caliente y seco de los espacios interiores, lejos de la humedad y el frío brillante casi permanente. Estoy en Marruecos, tierra que pendula entre varias culturas: árabes, franceses, tuaregs, bereberes e incluso españoles.

Marruecos se me presentó como un país complejo e imposible de encasillar. Un destino de arena roja y negra comprimida, de montañas y de niebla, de oasis y nieves perpetuas en un mismo cuadro. Un territorio atravesado por montañas masivas, pero al mismo tiempo suspendido porlos aires dedos mares y la fragancia de los animales recién sacrificados.

Las ciudades imperiales, con sus medinas (casco viejo) fueron sin duda los escenarios más impactantes. Las calles en la medina –que más que calles son corredores–transmiten un mensaje paradójico: estando afuera se siente uno adentro. Los comerciantes protegen sus dominios del sol,cubriendo los lugares de tránsito con celosías de madera o con plásticos. Se recorre un sinfín de túneles oscuros y sofocantes, que como vasos capilares, se derraman orgánicamente sobre el tejido de una ciudad milenaria. Un ojo atento encuentra a cada paso artilugios de toda clase: hombres encapuchados, mantos tradicionales al lado de cabezas de cordero, celulares y pollos enjaulados, nueces, miel, tapetes, aceite de motor y estampidas de caracoles huyendo de sus redes.

Djema_el-Fna_ Marruecos_Juana _Anzellini

Llegar por ejemplo, a la plaza principal de Marrakech, Djema el-Fna, después de recorrer las innumerables bifurcaciones de su trazado urbano, es al mismo tiempo liberador y aterrador. En esta inmensa plaza se reúnen todas las noches desde hace siglos, cualquier cantidad de personas para comer, tomar té y ser espectadores de diferentes tipos de espectáculos: carreras de micos, pesca de botellas de gaseosa, danzas folclóricas, tríos de guitarras, percusión, serpientes encantadas, aplausos y efluvios. Todo sucede al mismo tiempo con una armonía inexplicable. La atmósfera es tórrida, casi apocalíptica. La algarabía permanente y los ritmos encontrados de los diferentes grupos en escena, provocan un arrullo urgente y apremiante, como de antesala del fin del mundo.

El mundo árabe tiene unas formas de expresión muy específicas. Me llamó la atención sobre todo, la exaltación de la cultura <>. En este lado del mundo, el disfrute, lo íntimo, lo propio, son valores que están volcados hacia la esfera de lo privado. La arquitectura y el trazado urbano en las medinas es un buen ejemplo de ello. En los laberintos apretados y sucios del centro se encuentran discretos portones que esconden sendos palacios, fortalezas dedicadas al lujo y al disfrute. Las fachadas descascaradas de los edificios no revelan ningún indicio de lo que guardan en su interior: patios con fuentes azules, filigranas en pisos, paredes y techos, azahares, té a la menta, cortinas, baldosines multicolor. Acá las ventanas se abren hacia adentro.

Fes_ Marruecos_ Juana _Anzellini

En estos mundos interiores todo parece concordar con el cliché que tengodel lujo oriental. En cada esquina descubro emblemas de la sofisticación ritualista de esta cultura llena de velos, almohadones e incógnitas. De << puertas hacia adentro>> se encuentran toda clase de pequeños paraísos personales, como oasis de tranquilidad en medio del frenesí brutal y laberíntico de la calle.

La tensión permanente entre lo más excelso y lo más vulgar, la coexistencia del barro y el oro, son aquí ecos de la relación complementaria entre lo público y lo privado. Del mismo modo, la vestimenta de la mujer le hace juego a esta dinámica. Todas las eventuales ostentaciones están reservadas para la esfera de lo íntimo. Estas costumbres y direcciones de la mirada contrastan con las usanzas a las que estamos acostumbrados en un país como Colombia, por ejemplo.

Marrakech_Juana_Anzellini

En Colombia las ventanas son cada vez más grandes y se abren hacia afuera. En los balcones de vidrio y acero se posicionan las mecedoras estratégicamente para poder ver mejor, pero también para poder ser visto mejor. Cuando el presupuesto alcanza, se les hace mantenimiento a las fachadas de los edificios. En Colombia se acolitan las cirugías estéticas desde los quince años, se ven legiones de perniles apretados en fibras elásticas caminando por las calles y se encuentran también niños y niñas sin ropa jugando en la arena.

Viajar para mí, es una oportunidad para poder cambiar de ideas. Los escenarios que se alcanzan a ver en un país tan diferente como Marruecos, me ofrecen la posibilidad de leer y entender mejor mis propios rasgos, de empezar a diferenciar por ejemplo, que cultura no es nación, y que como dijo alguna vez Estanislao Zuleta “No hay que confundir las causas de las cosas con las condiciones que las hacen posibles”.

Mis pensamientos para usted chinita,

Ju

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